Uno de estos conceptos muy populares es el de estado de bienestar, un concepto que parece casi obvio y muy sencillo, pero que en realidad oculta dinámicas complejas, beneficios y también grandes incertidumbres.
Y la idea de fondo es que la sociedad evite una desigualdad económica grave, tenga seguridad social y además se pueda garantizar la reproducción de la sociedad.
La segunda es la que dice que la ayuda social solamente se le debe de proporcionar a los obreros y trabajadores que ayuden a cotizar y financiar la ayuda social.
Mientras que la tercera dice que la ayuda social debe de ser para toda la sociedad, sin importar su estado social, su condición económica o la aportación que ellos den para financiar al Estado.
Ellos implementaron su estado de bienestar gracias al economista William Beveridge en 1942, quien realizó una investigación profunda sobre el estado de la nación.
El objetivo del plan era crear un estándar de vida básico que ayudara a que los trabajadores fueran más productivos y tuvieran algunas certezas en su vida.
La idea británica era que si la población tenía un nivel de vida mínimo aceptable, fortalecería el consumo, la economía, el comercio y la economía en su conjunto.
Pues a pesar de los grandes beneficios a la población, generó grandes gastos a las arcas del gobierno, muchísima burocracia, grandes dificultades para encontrar a quién cobrar más y a quién ayudar más, además de mucha corrupción.
Este otorga sindicatos, garantía de salarios mínimos, regulación de las empresas y un compromiso de pleno empleo para igualar los ingresos de la población.
Este sistema busca sus recursos de las empresas, los trabajadores y el propio gobierno y trata de dar apoyo a toda la sociedad por igual en temas de salud, niñez, vejez y educación.
Aunque el estado de bienestar sueco apoya a toda su población, hace especial énfasis en sus infancias, acompañándolos hasta su vida adulta con cuestiones de salud y educación.
Así como crear profesionales altamente capacitados que puedan crear la riqueza suficiente para sostener la financiación de un sistema de bienestar generalizado.
Por lo que este sistema tiene el máximo de beneficios, pero por lo mismo es el más caro y requiere la mayor dificultad en su administración y una disciplina férrea en su burocracia.
Y por más asistencia social que queramos dar o retirar, en ningún momento estamos cuestionando temas como la propiedad privada o el mismo sistema económico.