Y es la que va a generar la aceleración de la frecuencia cardíaca, la de la respiración, dilata las pupilas, evita la micción, detiene la digestión y aumenta el metabolismo del hígado.
La acumulación de cortisol impide la regeneración celular, lo que produce inmunodeficiencias, es decir, nos volvemos más susceptibles ante una infección.