LA LEYENDA DEL SILBÓN | Relato de terror

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Speaker A
La leyenda del silbón.
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Speaker A
En la soledad de los llanos, la casa de los Salcedos se levantaba aislada, con su techo de tejas y paredes encaladas, rodeada por una cerca baja y unos cuantos árboles secos que apenas daban sombra.
00:19
Speaker A
Allí vivían tres personas: Don Lucio, trabajador y recio, Doña Clara, silenciosa pero atenta a cada detalle.
00:30
Speaker A
Y Esteban, su único hijo, criado sin restricciones y acostumbrado a que sus palabras fueran órdenes.
00:38
Speaker A
Esteban nunca había sentido el peso del trabajo, sus manos estaban más acostumbradas a sostener un vaso de aguardiente que una herramienta, para él, todo se reducía a sus antojos, si quería licor, su padre debía conseguirlo.
00:55
Speaker A
Si quería carne de venado, su padre debía cazarla, sin importar la estación ni la dificultad.
01:05
Speaker A
Una tarde, Don Lucio regresó del llano con una presa modesta, un par de aves y un armadillo.
01:13
Speaker A
Esteban lo esperaba en el corredor, ¿y el venado? preguntó sin ocultar su desagrado.
01:22
Speaker A
Hoy no hubo, hijo, mañana.
01:27
Speaker A
Mañana no me sirve, lo interrumpió, girando para entrar en la casa de golpe.
01:34
Speaker A
Esa noche, como ya era costumbre cuando su padre no cumplía sus caprichos.
01:40
Speaker A
Esteban salió al patio después de cenar, se quedaba inmóvil con las manos en los bolsillos, mirando hacia el horizonte oscuro, y entonces comenzaba a silbar.
01:57
Speaker A
No era una melodía alegre, sino una sucesión lenta de notas que subían y bajaban con extraña precisión.
02:03
Speaker A
A veces, Doña Clara lo observaba desde la ventana de la cocina, sintiendo un malestar que no sabía explicar.
02:12
Speaker A
Los días siguientes se repitió la misma escena.
02:17
Speaker A
Don Lucio salía temprano, recorría kilómetros a caballo y regresaba con lo que el llano le ofrecía.
02:26
Speaker A
Esteban, insatisfecho, lo recibía con quejas o silencios.
02:32
Speaker A
Doña Clara intentaba mediar, pero el carácter del hijo se volvía más áspero.
02:39
Speaker A
Hijo, no todo se consigue de inmediato, decía ella mientras servía el café.
02:46
Speaker A
Entonces, ¿para qué sirve vivir aquí, madre, si no puedo tener lo que quiero? respondía con una sonrisa que no era de humor, sino de desafío.
02:56
Speaker A
En una ocasión, al verlo salir nuevamente al patio, Doña Clara lo llamó.
03:03
Speaker A
¿Por qué silbas siempre así cuando tu padre no trae lo que pides?
03:08
Speaker A
Porque, respondió él, sin girar, algún día lo tendré, madre, y cuando lo tenga, lo voy a celebrar silbando toda la noche.
03:20
Speaker A
Pero esa madrugada, Doña Clara se levantó por sed, el silencio del llano era absoluto, pero cuando pasó junto a la puerta cerrada, escuchó a su hijo silbando afuera.
03:34
Speaker A
El sonido parecía más fuerte que otras veces, subiendo y bajando como si midiera el tiempo.
03:41
Speaker A
Se asomó por la rendija y lo vio de espaldas, mirando fijamente la línea oscura del horizonte, como si esperara algo o a alguien.
03:52
Speaker A
Al día siguiente, Don Lucio volvió con las manos vacías, el calor y la sequía hacían imposible encontrar venados en los alrededores.
04:03
Speaker A
Esteban lo miró con un gesto de desprecio y entró a su cuarto.
04:09
Speaker A
Esa noche, nuevamente, el silbido sonó en el patio.
04:14
Speaker A
Más prolongado, más inquietante.
04:19
Speaker A
Doña Clara, en su cama, no podía dormir, sentía que cada nota del silbido se metía en la casa, lenta y pesada, como si presagiara algo que todavía no se atrevía a nombrar.
04:34
Speaker A
Una tarde, cuando Don Lucio regresó al rancho, el sol le daba de frente y la escopeta colgaba vacía sobre su hombro, en las manos no traía nada.
04:48
Speaker A
Otra vez sin el venado, preguntó Esteban desde la entrada con tono frío.
04:55
Speaker A
No lo hay, Esteban, no puedes exigirle al llano lo que no quiere darte, contestó su padre, dejando la escopeta junto a la pared.
05:06
Speaker A
Esteban bajó la vista, pero en sus ojos se encendía una chispa oscura, dio un paso hacia aquel corral.
05:14
Speaker A
Tomó un palo grueso y volvió a encararlo.
05:19
Speaker A
Entonces, ¿para qué sirves, viejo? dijo, y su voz subió como un grito.
05:27
Speaker A
El silencio que siguió fue breve, los golpes resonaron en la tierra seca hasta que todo quedó quieto.
05:35
Speaker A
Con respiración agitada, Esteban arrastró el cuerpo hacia la casa.
05:41
Speaker A
Esa noche, Doña Clara preparó la cena como siempre.
05:46
Speaker A
Sirvió el guiso espeso en dos platos, tomó la primera cucharada y frunció el ceño, el sabor era fuerte, desconocido.
05:56
Speaker A
¿Qué carne es esta, Esteban? preguntó, mirándolo a los ojos.
06:02
Speaker A
Él se recostó en la silla, sonriendo como un maníaco, como si disfrutara un chiste, con una carcajada que fue creciendo hasta volverse casi animal.
06:13
Speaker A
La cuchara cayó de su mano, ¿qué hiciste, hijo? preguntó sin levantar la voz.
06:20
Speaker A
Esteban se recostó, soltando una carcajada larga y áspera, lo que tú y él nunca me dieron, carne, dijo, soltando la verdad, ahora sí tengo lo que pedí, y esta noche voy a silbar hasta el amanecer para celebrarlo.
06:41
Speaker A
Doña Clara se levantó de golpe y horrorizado, la verdad le cayó como un rayo, sus ojos brillaban, pero no por lágrimas.
06:51
Speaker A
Su voz salió firme, grave, como si hablara alguien más a través de ella, que tu silbido nunca deje de sonar en los llanos, Esteban Salcedo, que sea tu anuncio y tu condena, para que todos sepan que llegas y nadie quiera recibirte, que el viento te lleve, pero nunca te dé descanso.
07:15
Speaker A
El joven la miró, aún sonriendo, pero en esa sonrisa se dibujó por un instante algo parecido al miedo.
07:25
Speaker A
Esa misma noche, los cascos de un caballo rompieron el silencio, el abuelo de Esteban, un hombre alto y endurecido por los años, entró al rancho.
07:37
Speaker A
Se encontró con la escena, y sus ojos se detuvieron en la mesa y luego en el muchacho.
07:43
Speaker A
Tomó el látigo que llevaba enrollado en la silla, y sin pronunciar palabra, descargó golpe tras golpe hasta que la piel de Esteban quedó marcada en rojo oscuro, cuando terminó, dejó caer el látigo al suelo.
08:00
Speaker A
Caminó hasta el caballo y sacó un saco de tela áspera, gastado por el uso, se lo lanzó a los pies, aquí tienes, muchacho, dijo con voz seca.
08:14
Speaker A
Llévalo contigo, que siempre esté lleno del peso de lo que has hecho, y que tu nombre se pierda, porque desde hoy solo serás lo que cargas y lo que silbas.
08:25
Speaker A
Esteban miró el saco, no se atrevió a abrirlo.
08:29
Speaker A
El abuelo le dio la espalda, vete, que los perros te sigan hasta donde puedan, lo que no te alcancen ellos, lo hará tu propio silbido.
08:39
Speaker A
El viento de la noche se llevó las últimas palabras, y con él.
08:44
Speaker A
La figura del joven se perdió en la llanura, desde entonces, el silbido largo y pausado de Esteban, ya convertido en algo más, recorre el llano, subiendo y bajando las notas, como si contara cada paso antes de encontrarte.
09:02
Speaker A
Dicen que nunca llegó a ver la luz del día, que en su lugar, algo regresó a los llanos, un esqueleto altísimo con un sombrero, cubierto con ropa desgastada por el polvo y el tiempo, su rostro alargado reducido a hueso y sombra, y las miradas ardientes, como brasas vivas que no parpadean.
09:30
Speaker A
Siempre lleva un saco largo sobre el hombro, que se mueve de vez en cuando, y lo anuncia un silbido inconfundible, y baja con la misma calma, como si contara el tiempo antes de acercarse.
09:45
Speaker A
Los que lo han escuchado dicen que, una vez que su silbido entra en tus oídos, ya no hay forma de que se vaya, hasta que él quiera.
09:57
Speaker A
Si lo oyes cerca, quizá esté lejos, y si lo oyes lejos, es porque ya está junto a ti.
10:06
Speaker A
Dicen que busca a los hombres violentos, a los que golpean a sus padres o los desprecian.
10:11
Speaker A
Y a quienes maltratan sin razón a los suyos, los persigue por noches enteras, caminando sin descanso.
10:18
Speaker A
Hasta que el peso de su saco es también el peso de la culpa de aquel a quien ha elegido, y cuando el silbón se detiene frente a ti, no hay palabra ni rezo que pueda ahuyentarlo, solo el silbido y la espera.

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