Es superconservadora o hacer referencia a sus estilos, es una institución que siempre se caracterizó por ser exigente, es lenta para procesar los cambios o bien que siempre fue igual.
Puede ocurrir que se haga mención a otras características refiriéndose en la institución en términos como conventillo, elitista, tierra de nadie, feudo, joyita.
Estas y tantas otras expresiones oídas por nosotros son formas de señalar que cada escuela tiene una personalidad, un estilo, el mismo se construye en un complejo entramado en el que el proyecto fundacional va siendo moldeado por los actores cuyas prácticas son captadas en nuestra imagen representación.
La imagen representación de la institución no se compone solamente de sus aspectos manifiestos, es decir, de aquellos que se imponen a la mirada, el edificio, la limpieza, el comportamiento de los chicos en los momentos de entrada o salida, la recepción de lo que somos objeto cuando nos acercamos a ella, la importancia acordada a la tarea específica, el grado de inserción de sus egresados en otras instituciones o en el mundo laboral.
Es decir, la percepción que los miembros de la organización tienen de ella y sus prácticas, cada institución posee rasgos de identidad y señas particulares que le son propios, ambos constituyen y simultáneamente son aprehensibles en lo que denominaremos cultura institucional.
La cultura institucional es aquella cualidad relativamente estable que resulta de las políticas que afectan a esta institución y de las prácticas de los miembros de un establecimiento, es el modo en que ambas son percibidas por estos últimos, dando un marco de referencia para la comprensión de las situaciones cotidianas orientando e influenciando las decisiones y actividades de todos aquellos que actúan en ella.
En ella se integran cuestiones teóricas, principios pedagógicos en estado práctico, modelos organizacionales, metodologías, perspectivas, sueños y proyectos, esquemas estructurantes de las actividades.
Como ustedes pueden constatar, la noción de cultura institucional es sumamente rica y admite diversas presentaciones, ya que resulta de las mil y una maneras y prácticas por la que los actores institucionales se reapropian y resignifican el espacio organizacional.
Provenientes de campos tan diversos como la sociología política, el derecho, la filosofía, el psicoanálisis, la teoría de la administración, la educación, etcétera.
Como se puede observar, hay numerosas posibilidades de encarar el concepto, pero para que para este texto nos limitaremos a destacar su vigencia y a esbozar una definición simple.
El imaginario se encuentra en el centro de todos los dispositivos del saber, el imaginario es el conjunto de imágenes y de representaciones, generalmente inconscientes, que producidas por cada sujeto y por cada grupo social se interponen entre el productor y los otros sujetos, tiñendo sus relaciones.
Si bien comparte con la totalidad de las instituciones educativas rasgos en común, el imaginario matiza, tiñe y altera la relación que cada sujeto tiene con la institución.
Afirmando que, a partir de trabajar en numerosas instituciones educativas de distinto tipo, podemos presentar, a manera de los tipos ideales de Weber, algunas modalidades predominantes en las que se manifiesta la cultura institucional.
Los modelos de gestión resultan de la articulación de una propuesta del directivo y del ajuste, más o menos logrado con el resto de los miembros de la institución.
Por otra parte, ni la cultura ni los modelos son fijos, rígidos ni inmutables, sino que se adecuan en función de los cambios permanentes en el interior de la institución, su contexto próximo y el orden social.
Recordemos que gestionar remite, según el diccionario, a dar pasos conducentes a la consecución de una cosa, definición que hace referencia a acciones orientadas por uno o varios objetivos y a un actor o varios que toman a su cargo dicha tarea.
La pregunta que nos podemos formular es si existe un modelo propio de gestión de las instituciones educativas, después de numerosas observaciones y del análisis de los diferentes subsistemas educativos y de las instituciones que lo componen, a modo de hipótesis, proponemos la existencia de ciertos rasgos comunes a todos ellos.
Quienes ejercen hoy las tareas de gestión educativa, rara vez contaron con alguna formación especialmente diseñada para el ejercicio de esta función, los saberes que sustentan su accionar por lo general no resultan de un conocimiento técnico específico.
Sino del modo en que se entrelazan diferentes factores, experiencias construidas a partir del ensayo y error, identificación con estilos de conducción con los que entraron en contacto durante el ejercicio de la docencia, etcétera.
Las formas de incorporación de los saberes descritos no conllevan necesariamente una posibilidad de modificación de las lógicas de comportamiento y de organización de tareas.
Sin embargo, pasan a ocupar, algunas veces, un lugar secundario en la conducción educativa, por lo general, esa devaluación de lo específico de los establecimientos escolares se acompaña de una priorización y sobredimensionamiento de las tareas de administración.
Tipos de culturas institucionales escolares, nos preguntábamos líneas más arriba acerca de si existía un estilo propio de las instituciones educativas.
Desde esta perspectiva, las instituciones no son consideradas como máquinas o mecanismos de relojería en los cuales somos un engranaje o una parte más.
Las estructuras y reglas, al tiempo que definen los sectores en que la acción es más previsible y que organizan procedimientos más o menos fáciles de controlar.
Podemos decir que un actor o grupo de actores posee poder cuando tiene la capacidad de hacer prevalecer su posición o enfoque en la vida institucional, de influir en la toma de decisiones, obtener reconocimiento, espacios, recursos, beneficios, privilegios, cargos o cualquier otro objetivo que se proponga.
Crozier y Friedberg afirman que las características estructurales delimitan el campo de ejercicio de las relaciones de poder entre los miembros de una organización.
En obstáculos en la definición de prioridades y en dificultades para el diseño de las acciones necesarias a realizar en el marco del proyecto institucional.