El señor Hopkins quizá también piense, sí, deberíamos limitarnos a estudiar al señor Pritchard, aprender la rima y métrica y olvidarnos de intentar alcanzar otras ambiciones.
Oh, mi yo, oh vida de sus preguntas que vuelven, del desfile interminable de los desleales, de las ciudades llenas de necios, qué de bueno hay en estas cosas, oh mi yo, mi vida.